Los fantasmas que llevo dentro

Me he enamorado de una casa. En realidad de un balcón.

No puedo decir algo más significativo como que está en la Calle Placer. Eso lo dice todo. Salí de trabajar y cambié el rumbo habitual para perderme un poco por las callejuelas de la ciudad. Y ahí estaba, mirándome desde lo alto y guiñándome un ojo. Qué lugar tan solitario” -pensé- “me encanta”.

El fantasma de la casa salió al balcón a saludarme, riéndose sin parar con una carcajada de esas que te contagian por dentro aunque no quieras. Quedamos en esa puerta de madera resquebrajada por la lluvia y me invitó a pasar.

casa dayda lilltedayda

Allí estaban, por las paredes, los lienzos que había pintado al óleo cuando era pequeña, sobre la coqueta mi colección de ranitas de cristal; del salón blanco inmaculado se elevaban estanterías repletas de libros y en la pantalla del televisor se proyectaban, entremezcladas, imágenes de las películas de Bergman.

casa 2 dayda littledayda

Ya anochecía cuando me fui de allí con esa sensación de verano que a veces te inunda el pecho.

En el balcón se habían encendido esas pequeñas bombillas que decoran el techo y parecen estrellas. El espíritu de aquella casa bailaba bañándose en los últimos haces de luz del crepúsculo mientras los arenosos sonidos del tocadiscos hacían cantar a Edith Piaf.

Al bajar la calle todavía podía olerse ese aroma mágico a fresas salvajes.

Algún día volveré, y esta vez, para quedarme.

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