Después de ti

Como predijisteis ocurrió.

Sentí el estómago ardiendo, se me encendieron las mejillas y te quedaste en silencio entre mis brazos. Pensé que sería mejor dejar de respirar para que esto no pudiese quedarte pequeño.

Te fuiste con unos céntimos en las manos y esos besos prestados en los bolsillos sabiendo que las miradas no regresaban al lugar de donde habían salido.

– ¿Y ahora qué hago?

despedidas en estación de tren blanco y negro

– Ahora, amiga, ahora tienes que vivir.

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