Días de miel y rosas

#MamaTeQuiero

#DíaMundialContraElCáncerDeMama

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Letters from a man

“Crecí con un cuerpo desbordante de vitalidad y entusiasmo, pero con un carácter nervioso y ansioso.

Mi mente quería algo más, algo tangible.

Ilustración @MariaNr_Galicia

Buscaba intensamente la realidad, siempre como si la realidad no estuviera ahí. Sin embargo, de repente te das cuenta de lo que tienes que hacer. Escalar”.

– John Menlove Edwards, Letters from a Man

El corazón de Jack

El corazón de Jack tenía un brillo que lo distinguía de otros seres que habitaban el planeta.

“Comencé a pensar que me vería obligado a buscar comida entre los muy pobres.

Los muy pobres son el último recurso seguro del vagabundo hambriento. Siempre se puede contar con los muy pobres. Ellos nunca niegan la comida a los hambrientos.

Una y otra vez, por todos los Estados Unidos, me han negado la comida en la casa grande de la colina; y siempre he recibido algo en la pequeña cabaña del barranco o del pantano, con sus ventanas rotas y tapadas con harapos y con su madre de rostro cansado y castigado por el trabajo.

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¡Oh, vosotros que habláis tanto de caridad!

Id a ver a los pobres y aprended de ellos, pues el pobre es el único que es caritativo: no da ni se guarda nada de lo que le sobra; no le sobra nada; da, sin guardarse nunca nada, de lo mismo que necesita para sí, a menudo de lo que necesita desesperadamente.

Darle un hueso al perro no es caridad. Caridad es compartir el hueso con el perro cuando estás tan hambriento como él.”

En Ruta de  Jack London –

Mereces un amor

“Mereces un amor que te quiera despeinada,
con todo y las razones que te levantan de prisa,
con todo y los demonios que no te dejan dormir.

Mereces un amor que te haga sentir segura,
que pueda comerse al mundo si camina de tu mano,
que sienta que tus abrazos van perfectos con su piel.

Mereces un amor que quiera bailar contigo,
que visite el paraíso cada vez que mira tus ojos
y que no se aburra nunca de leer tus expresiones.

Mereces un amor que te escuche cuando cantas,
que te apoye en tus ridículos,
que respete que eres libre,
que te acompañe en tu vuelo,
que no le asuste caer.

Mereces un amor que se lleve las mentiras,
que te traiga la ilusión,
el café y
la poesía”.

 

-Frida K.-
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Los tejados

Y verás tu futuro en el poso de una taza de café

La tarde comenzaba con una invitación a tomar café en las alturas del barrio. Mi amiga lo sabe: no hay lugar en esta ciudad que me apasione más que éste y me invitó a saludarla en su nuevo piso en el centro de todo el meollo, casi rozando la plaza. No me esperaba  esa terraza acristalada con efecto invernadero en la que los sillones se vislumbraban entre unos bloques de pallets, el sillón antiguo y la mesa rescatada que me invitaban a sentarme y observar cómo el día se apagaba.

Y en ese ambiente con olor a mar estábamos contándonos todo sin decirnos nada. Entre las batallas diarias, una historia se cruzó entre las frías palabras e hizo que la luz del sol nos tocase la boca, nos secase las lágrimas. Cuántos secretos se esconden en el poso de un café. Cuánta complicidad esperaba latente a ser descubierta.

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Y entonces, hablamos de amor. De los libros que te remueven por dentro, de las pasiones que te desencajan, de las vísceras que se estremecen, de cómo puede alguien entrar en una vida y ponerte el alma boca arriba hasta hacerte vomitar (mariposas, claro). Yo, con ese idealismo que me caracteriza y a pesar de mi falta de racionalidad, creo que el amor no existe pero está.

No es más que el momento perfecto entre dos personas que se tropiezan en un mismo camino pero a lo largo del tiempo, ese momento se pausa y cambia. Porque, amigos, los caminos no son rectos y las personas tenemos ritmos diferentes. La persona cambia, el amor cambia y a medida que lo hace te cambia a ti también.

El amor es solo una inesperada coincidencia, como decía mi amiga, “es un espejo en el que te ves a ti mismo reflejado en la otra persona”.

Lo hermoso del amor, aunque efímero, se encuentra en el intento de hacerlo real. ¿Cuán valiente serás?¿Cuántas oportunidades dejarás pasar antes de que el momento perfecto cambie y no puedas volver atrás? Dime, ¿has decidido qué futuro quieres ver en el poso de tu taza de café?